23 de septiembre de 2011

ORACION ANDALUZA A DIOS








                        Hola dios, que ya estoy aqui otra vez para pedirte. Llevo un montón de dias que no lo hago en? asi que no te quejes. Mira dios, que te pido me mandes un hombre gueno, mira, gueno en tos los sentios. Que sea alto, moreno, que esté bien servio de todo, porque ya sabes que una ya que pide, pos de todo gueno de verdad.
        Dios, se me ocurre que si ademas me lleva a la playita, te lo agradecería, y si lo hace con un coche rojo que no tenga techo pos mucho mejor porque asi la gente se envidia de mi.
        Yo te llevo mucho tiempo pidiendo un hombre en condiciones y me he tropezao solo con tios raros.
   Mira dios, unos quieren hacer una tortilla conmigo, no lo entiendo mu bien, pero me proponen algun juego de cartas, un trio lo que pasa que yo solo sé jugar al burro. No veas ajajaj se dan unos manotazos en la mesa que terminas con las palmas de las manos hechas un cristo, (con perdón)  pero me dá a mi que no es eso...
   
      Dios, el mundo anda raro, asi que como no me mandes tu por algun medio, aunque sea por  el transporte de los patitos, a un hombre, me da a mi que no va a poder ser. Tu sabrás lo que haces, porque si tu no me lo encuentras, que eres dios, como quieres que lo encuentre yo?

     Un dia me fui a un sitio que me dijeron que habia muchos , a ver si alli estaba el mio. Pero  dios, no pudo se . Que sí, que habia muchos pero tos en una cama mu  grande con más mujeres y como tu mandaste que vinieramos a este mundo. De verdad, Dios, yo no sabía que hacer, si taparlos a tos o quitarme yo la ropa, pero me acordé de ti, y me dije, Si me vé el Jefe, ya no me consigue al novio.

      Dios que esto es mu dificil, que los hombres se han contagiao tos de algo. Na más que tienen en la cabeza el seso. Y yo quiero seso porque ademas tu lo mandas de hacer, pero no con uno cada dia por la virgen santisima!!! Porque Dios, tengo un lio de hombres, que  de verdad esto tiene guasa.

      Les he puesto clave para distinguirlos y que no me equivoque, asi les puse  hombre 1, hombre 2, hombre 3 y asi tendré unos cicuenta creo yo...Sí, tu riete, pero pa mi esto es un trabajo mu grande.

       Pero mira dios, si no han pedio ni la cuenta de las tres tapas como máximo que te invitan y ya estan
diciendote que te quites las bragas en el coche, por diossssss, siii por tiiii leches!! Que has dejao que se vuelvan tontos del to. Mandame una solución en? porque si no, ya no te hablo mas.

       He pensao que a lo mejor me voy con una mujer pero es que no voy a poder dios. En la academia de baile de la salsa, se me pegaba a mis dos poderosas razones una que tenia la misma talla que yo ma o meno, y dios, me vine y no bailé mas. Que no tiene comparacion, tú porque no lo has probao en de seguro que no, pero lo que te entra por el cuerpo con lo que le pusiste a los hombres en la entrepierna, siii eso donde guardan la neurona que las regalao!!! oiss hijo mio dios, me suben unos calores que ni ná que vé con mas na.!!!

       Dios me despido ya hoy y sin dejar  de que te recuerdes que me lo envies cuanto antes, a ser posible que no esté mu spavilao todavia, pero estrenao si, porque asin es mejor pa no tene que enseñarle yo.
    Adios Jefe, a ver si la siguiente vez que te hable ya lo tengo aqui en casa. Besitos dios, recuerdos a tu madre, no me olvides.

18 de agosto de 2011

LUCIA





Lucia miraba su imagen en el espejo. Aquél día se levantó temprano, tenía una importante cita.
Despacio iba colocando el atuendo  invernal en su cuerpo. Mientras se preguntaba qué sería de ella después de aquél dia cuando volviese a mirar ese espejo.
 Todo había comenzado unos meses atrás. Un día de frio invierno, dónde comenzó a notar mientras se duchaba, un pequeño bulto en uno de sus pechos. No le dio, no quiso darle más importancia. Pero no podía obviarlo. Cada vez que acudía a su cita diaria con la ducha, allí estaba, callado y amenazador.
Se decidió a ir a un profesional después de mentalizarse que había que hacerlo sin remedio.
Tal como imaginaba, al término de las pruebas, el doctor le comunicaba la palabra que bailaba en su mente y que deseaba no oír nunca. Cancer.
Lucía entró en un carrusel. Su vida daba un giro. Había que tomar la decisión de luchar, vencer mejor que perder. La batalla sería dura. Había que prepararse para ello.
En parte, lo más duro, fue dejarse llevar.  Pensaba cómo aquél profesional le había explicado cómo actuaría. Y ella escuchó atentamente.
Es decir, pensaba. – Un extraño me cuenta cómo entrará en mi cuerpo, a corte de bisturí. Buscando esas malditas células que han crecido por su cuenta como invasoras de la normalidad. Encima tengo que agradecer cómo será saqueado algo tan importante y femenino como son mis pechos. Sin saber si cuando despierte de la agresión tan brutal, aún existirán en mi cuerpo.
Pasó por la fase de incredulidad , seguida de la fase en la que aceptaba una realidad aún tan difícil de enfrentar. Regado su espíritu por un miedo descomunal. Incertidumbre por su vida. No quería marcharse, era muy joven.
Cuando sus ojos dejaron de llorar  casi las veinticuatro horas del dia, comenzó a plantearse que no se iba a dejar vencer. Aquello estaba allí, había que atajarlo, la ayudarían buenos  profesionales, no estaría sola en su lucha. Y ella iba a poner toda la carne en el asador para ganar la batalla.
El camino hacia el hospital aquella mañana, se le hizo corto. Temía llegar, y a la vez, deseaba que todo hubiese pasado ya. El carrusel, había comenzado a dar vueltas. Era imparable ya.
Llegó con su equipaje de mano, el miedo en los ojos, la voz entrecortada a tomar posesión de lo que sería su habitación los próximos días. Todo se iba a reducir a esas cuatro paredes de una habitación de tres metros cuadrados.
La actuación del personal sanitario la tranquilizó un poco. Siguió sus instrucciones, eran amables y entre bromas la hacían sentir bienvenida. Se despojó de su ropa, casi se derrumba cuando se quitó el sujetador, lo miraba. No sabia si esa prenda la usaría nunca más. Guardó todo en su taquilla.
Su mente se atontó un poco al tomar un comprimido que le dieron para poder llevar algo mejor la ansiedad  que le producía pasar por aquel trance.
No supo con exactitud el tiempo que pasó. Un señor con uniforme verde le preguntaba su nombre y la reclamaba empujando su cama hacia el pasillo del hospital.
Fue empujada hacia un ascensor. Sabía que era el viaje más amargo de toda su vida. Llegó a un pasillo dónde sentía mucho frio. Sus dientes castañeaban. La espera fue corta ,enseguida salieron el médico cirujano que la iba a operar, el anestesista y el profesional de enfermería. Se presentaron tratando de tranquilizarla.
Lo último que recordó es aquella inmensa luz que la deslumbraba al mirarla, totalmente. Cerró los ojos, y su mente creyó que emprendía un viaje a un sitio de luz.
No  podía recordar dónde estaba. Fueron segundos de una desorientación brutal. Hasta que poco a poco, como quien sube por las paredes de un pozo, comenzó a tomar conciencia de qué había pasado hacía...cuantas horas?...
Aún no podía hablar, solo pensar. Sentía dolor en el pecho, imaginaba por la presión que unas vendas aprisionaban sus senos. Estaba viva, y eso era lo que importaba.
Paulatinamente fue abriendo los ojos y tomando conciencia del habitáculo donde se encontraba. Los sonidos de los monitores pululaban por sus oídos como extrañas alarmas.
Los profesionales  que se movían con rapidez  entre otras pacientes la hacía confiar en que nada pasaría. Se dio cuenta que el dolor salía en forma de quejidos de su garganta. Se acercaron a ella, la saludaron preguntando si le dolía.
Lucía pensó, -dolor? Es más que dolor!!! No hizo falta decir, enseguida calmaron aquello con algún analgésico potente porque comenzó a remitir esa sensación de tener algo clavado en su tórax.
Ya despierta del todo, oyó como iba a ser trasladada de nuevo a su habitación. El pequeño gran viaje de vuelta, comenzaba. Llegó de nuevo aquel señor vestido de verde que empujaría su cama. Todo estaba hecho. Había salido de cuidados intensivos viva. El resto comenzaría ahora...
Ya en su habitación se percató que era de noche al mirar por la ventana. Una noche sin día  había sido aquello para ella. Alejada de la realidad unas horas, había perdido la noción del tiempo.
Bajo el efecto de los calmantes, se volvió a dormir. Veia entre sueños a veces cómo entraba la enfermera a cambiar su frasco de suero. Por fin amaneció.
Los primeros rayos de la mañana le parecieron esperanzadores. Quería que así fuese.
Entrada la mañana, una enfermera le tomaba la temperatura, le ayudaba a levantarse para ir al baño y le cambiaba la ropa de la cama. Se percató que de su vendaje salía un delgado canelón que iba a una botella. Era un drenaje.
La enfermera de turno era muy dulce, se presentó a ella. –Hola Lucia, me llamo Pepa, cómo estás?. Se sintió protegida .
Más tarde la visita del médico. Estaba deseosa de verle y temerosa de preguntar. Pero lo haría. Tenia derecho a saber si su cuerpo había sido mutilado y la gravedad de aquél inmundo bulto.
Poco le dijo aquél dia. Solo animarla, decir una y otra vez que todo había ido bien.
Lucía pasó esos días en aquella habitación. La había memorizado hasta el último de sus rincones. Era consciente de la mancha en la pintura que había debajo de la ventana, de cómo sonaba el grifo del cuarto de baño, y del color algo desvencijado por el uso, de la taquilla o los sillones de acompañantes.
Su mundo se había reducido a esos tres metros cuadrados. Para sobrevivir no había necesitado más. Sólo el ánimo de aquellas enfermeras, sus bromas y buen humor hacían milagros sobre el suyo.
Por fin llegó el día en que se destapó la herida. Se debatía si mirar o no. Al principio no lo hizo. Al rato, fue inevitable.
En el lugar dónde unos días antes existía un maravilloso pecho, había solo una costura plana. El impacto fue tremendo.
Aquél dia no podía dejar de llorar. Ni todos los ánimos del mundo, le devolverían lo que había perdido.
Cuando llegó el dia de su alta médica, Lucía se resistía a dejar aquella habitación, se sentía segura allí con el personal que tan cariñosamente le había atendido y la serenidad que le transmitían.
Comenzó a vestir  la ropa con la que llegó, unos días antes al hospital, que ahora, le parecían lejanos. Y el médico vino a sentenciar lo que ella ya había visto al ver su herida.
-Lucia, tu pecho no lo he podido salvar, pero sí tu vida. Hay buenas prótesis hoy en dia, te lo reconstruiremos en cuanto se pueda, no te preocupes- Por lo demás, era  maligno, con unas sesiones de quimioterapia, creo que todo quedará solucionado. Claro que habrá que revisar muy de vez en cuando para no tener nuevas sorpresas.-
-Ah, bien, pensó Lucía, todo aquello se reducía a una desagradable sorpresa en la vida de aquél hombre-
Se fue a casa con aquél maltrecho equipaje. Y la cita para el tratamiento anunciado. Se tenía que enfrentar a un nuevo monstruo. La quimioterapia.
Evitó el espejo de su casa, días y días. Tapó el del cuarto de baño. No podía soportar verse reflejada en alguno de ellos. Le devolverían la imagen que la haría tambalear y aún le quedaba mucho por hacer.
Comenzó sus sesiones de quimioterapia. Aunque sus familiares la apoyaban y no la dejaban sola, ella se sentía tan sola en ésta lucha que es por eso que no los he mencionado antes. Esto era un duelo entre Lucia y la vida. Nadie más.
Su pelo, iba desapareciendo en pocos días. Cada vez que se peinaba, el peine se traía grandes mechones de su cabeza. Decidió ir a que se lo quitasen todo para evitar ésta tortura.
Su peluquero hizo el trabajo y le facilitó una prótesis de pelo muy parecido al suyo.
En casa, sólo usaba un pañuelo sobre su cabeza. Era muy duro verse a diario sin su preciado pelo. Amén de los vómitos que provocaba aquella medicación y el malestar general.
Lucía sentía cómo luchaba verdaderamente por una vida. Contra un enemigo tan peligroso que la hacía tambalear a diario.
Uno de los días que iba a su sesión de quimio, se había planteado que sería el  último. Iba a dar una tregua al enemigo, ella no podía más.
Aquella mañana, encontró a una mujer de ojos muy azules, que hablaba siempre con una sonrisa en los labios.  Le era familiar. Algo dicharachera, traía a los profesionales de cabeza con sus chistes y forma de hablar. Se sentó al lado de ella, mientras le administraban la medicación a las dos.
Lucía no quería hablar, pero era inevitable eludir a aquella mujer. Así fue como se fueron sincerando las dos mujeres dia tras dia. Lucía no dejó de ir a las sesiones, había encontrado una buena aliada en la misma batalla.
Surgió una gran amistad entre las dos. Aquella mujer era Pepa, la enfermera que había conocido en los días que estuvo ingresada en el hospital ,meses atrás.
Pepa le dio motivos para seguir creyendo en ella misma. Podría contra el enemigo. Ya casi estaba vencido. La fe se fue haciendo presente en su vida.
Pasaron las sesiones y su pelo comenzó a crecer. Vio cómo crecía más fuerte y bonito que antes y extrañamente, de un color distinto, era precioso. Pepa le contagiaba la alegría y el humor diariamente, inyecciones de fuerza, de poder y de fe.
Pasó un año. Sus revisiones fueron todas bien. No había rastro del  maligno. Su cita para reconstruir su cuerpo estaba cercana.
Llegó el dia de su nueva intervención. Más temerosa que la primera vez, volvió a entrar en quirófano. Pero el resultado fue otro distinto al retirar su vendaje.
Le habían devuelto su pecho. Aquél que el cáncer le arrebató en una pesada broma del destino. Tenía su pelo. Se encontraba bien, y lo mejor de todo, era una mujer totalmente distinta a la que había sido.
Era una superviviente. Muchos miedos cotidianos habían desaparecido. Su escala de valores era otra muy distinta.
Había luchado, había ganado y sabía vivir.  Se sentía más viva que nunca, saboreando cada segundo que respiraba.
Se fue por ropa nueva. Quería estrenar amaneceres, no dejar nada en un cajón guardado.

Decidió tomarse un tiempo de vacaciones bajo el  permiso médico. Viajó.
Estando a mitad de su viaje, dejó de recibir llamadas de Pepa, se extrañó. En cuanto llegase, era la primera visita que haría.
Pepa estaba en el hospital. Había tenido una recaída. No se movió de su lado. Le enseñaba ahora  lo que aprendió en otro tiempo gracias a ella.
Pepa no lo consiguió. Murió días más tarde de su mano en aquel hospital rodeada de sus compañeras y de su abrazo.
Pero Lucía vive y seguirá viviendo por las dos, muchos años.
Se lo debe a si misma y a Pepa.


AZAHARES

(concursando   XI EDICIÓN PREMIO VIDA Y SALUD DE RELATOS‏)









NAVIDAD, LA NOCHE BLANCA





Hay una época blanca,
Dónde los niños sonríen desde el alma,
Ilusión que nace desde el océano de la vida
Hombres que reviven su infancia.

Paseando por calles, iluminada la mirada
Con destellos de luceros
La pureza de lo vivido
Aflora en los ojos.

Dicen que ha venido el Salvador
Que vuelve con nosotros cada año
Nacido de vientre de mujer.
Que está aquí..dicen!
Pregonan por doquier.

Si pudieses parar la locura del ser humano,
Si nacer de nuevo sirviera
Para que ningún niño deje de sonreir
Para que ningún hombre se corrompa
Divina tu llegada  siempre sería.

Un coro de ángeles
Anuncia tu llegada con trompetas azules
Ven mi niño como cada año
Trae la navidad en tus manos
Y derrama dulzura en nuestros corazones
Enseña lo olvidado
Recuerda lo aprendido
Amor esparce en cada semilla que tomemos
Con el alma, de tus divinas manos

Oh Navidad, siempre blanca
Recuerdo de seres queridos
Cantares del pueblo llano
Pastores del mundo enviados
Pregonan el amanecer de Dios en su hijo.

Sentados en la lumbre, opaca noche de frio,
Mi corazón recuerda a mis antepasados
Cuando me enseñaban mis primeros villancicos
En una infancia perdida
Lejos...la zambomba grita
Que no olvide para qué he vivido.

A mis hijos inculqué
El sentido de la noche blanca
Que la familia es sagrada
Aunque reunida esté
En un pobre portal derruido.

Así mis notas nacen
Del corazón algo vencído
De amar, de caer y de tomar
Las riendas de la vida,
Como mis abuelos me enseñaron
En las navidades de su vejez
Cuando me miraban admirados
La sonrisa arrancada
Por las notas de sus cantos
Al nacer de Dios, su hijo.

Y así enseñé  a los que de mi vientre nacieron,
Si la luz de la vida no se apaga,
Seguiré sembrando en los hijos de mis hijos
Cantos de vida y paz
En noches frías, con las mejillas sonrojadas
De una lumbre rojiza, ilusión en la mirada
Al  sentir  que la Navidad acunó en sus corazones,
Herencia de mis seres queridos que siempre llevé en el alma.



AZAHARES


CONCURSANDO EN;  XII CERTAMEN INTERNACIONAL DE RELATO CORTO Y POESÍA DE NAVIDAD "CIUDAD DE MELILLA" 2011


                             

22 de febrero de 2011







Palpitaba en el duelo de la vida,
un corazón generoso y valiente,
cansado de la lucha impuesta
en mil batallas,
ganadora de trofeos y caricias.

Viviendo lo dió todo,
dandolo todo vivió,
es el deber
que tiene una madre al decidir
llevar esa medalla hasta su fin.

Viendo pasar sus dias en paz
se alisaba los cabellos
mientras con orgullo
sonreia a lo bien hecho,
a lo bien enseñado
a lo bien aprendido.

Coronada por el amor de su hija,
es la única joya que le importaba,
paseando por sus recuerdos
viendo el correr de su pequeña,
el correr por el campo de espigas doradas
el correr, de su pequeña por la vida.

Y así, en paz se dormía,
dejandose acariciar por un ángel del cielo
segura de volar hacia  el infinito
con la dicha del deber cumplido
saludando a su paso
a todas las estrellas.

Coqueta y dulzona se dejaba llevar,
segura de que guapa iba
hacia la puerta que solo se cruza una vez,
bajo la intensa mirada de Dios,
y la luz que la envolvía.

Pero siempre queda un trozo
en el corazón de una hija,
de esa madre que un día,
la vida te dió acordonada
por el amor, concebida.

Seguramente mareados tiene
a los angeles que la cuidan
y rien y la oyen
sentados de rodillas
cuando ella cuenta como es su niña.

Espejo de su espejo,
haciendo gala del orgullo
de haber sido hija
de un ser tan especial,
tu madre..

Isabel.

PD: mi padre en su silla de ruedas,  me dijo al morir, nunca te rindas,hija, nunca...y eso trato de hacer, cada dia.





16 de febrero de 2011

EL PUENTE



    Cristina    recordaba sus manos, acariciando sus mejillas cariñosamente, aquellos dedos  que le transmitian aquella paz, aquel deseo somnoliento, que provocaba que ella se  sintiera como una mariposa en sus manos.
           Le extrañaba... oh, si, la ternura con la que se bañaba en sus pupilas, aquella común unión que existia cuando era abrazada por sus fuerte brazos.
           Paseaba en su soledad, envidiando a las parejas que por las plazas desiertas, aprovechaban para demostrar su amor. En los bancos frios de piedra, aquellos enamorados se deleitaban con mil caricias, sonriendo a la vez que los besos unian sus almas.
          Sonreia para sus adentros, aquella tarde algo nublada amenazaba lluvia, podia percibir el olor a tierra mojada en cada paso que daba. Se dirigía hacia un puente adornado de farolas blancas, aún a media luz, hasta que la noche hiciera su total aparición. Se recostó hacia la mitad del puente, con sus brazos en la barandilla y sus ojos ensimismados en el agua, le trajeron lágrimas por su ausencia.
         Se fué un día muy lejano y ella no supo más de él. Promesas incumplidas a la luz de unas velas, sueños soñados a la luz de la luna, mientras se miraban a los ojos. El tenía otra vida, y había marchado a su destino.
         Un hombre, caminaba con abrigo negro y bufanda de listas de colores ocres por la orilla del rio y ella desde arriba, se fijó en sus pasos. Parecía cabizbajo y meditabundo, a la vez, decidido porque su caminar era ligero. Lo vió detenerse  en una esquina de la orilla y encender un cigarro, no podia ver su rostro en la medio oscuridad de la tarde.
        Ella siguió en el puente y en sus recuerdos cuando vió que una mujer, se acercaba hacia el desconocido. El, se irguió a la llegada de la mujer ante él y quedó mirándola. Pocos minutos más tarde, parecía que discutian. Y la discusión iba en aumento, podía oir lejanas voces que provenían de ellos.
       La mujer agarraba al desconocido por las solapas del abrigo, y él, se obstinaba en retirar sus manos con enfado. Asi forcejeraron unos instantes hasta que él, comenzó a caminar hacia otro lado. La mujer le seguía con sus voces, siendo ignorada por aquel hombre. En un segundo, ocurió lo inesperado, la mujer empujó al desconocido con toda su fuerza y éste, perdió pié cayendo al rio.
     Cristina quedó perpleja ante la escena que se desarrollaba ante ella, no reaccionó aún ante lo que acababa de presenciar. La mujer se alejó a toda prisa de alli dejando al desconocido en aquellas aguas oscuras y mal olientes. Entonces, reaccionó y a toda velocidad con el corazón en la garganta, se dirigió hacia la orilla del rio para auxiliar al caballero.
     Cuando llegó solo veía oscuridad, su voz, apenas salía clara de su garganta por la emoción y el desconcierto  que sentia. Impotente, llamaba al desconocido para saber si seguía con vida.
     Y aquél, le respondió pidiendole ayuda.
     Ella se acercó a la margen del rio e intentaba adivinar de dónde provenía la voz masculina. Al fin, lo vió. Estaba agarrado a unas ramas, implorando ayuda exterior. Cristina se tumbó en la orilla y le tendió su mano, perdiendo el guante en el intento. El, volvió a tomar su mano y el esfuerzo dió sus frutos. Al cabo de unos minutos, el hombre conseguía salir de aquellas aguas, por la ayuda prestada y el instinto de sobrevivir a aquella situación.
     Los dos, quedaron tendidos unos segundos recuperando el aliento, en la orilla. El desconocido se levantó y fué hacia ella, cogiendola de sus brazos para levantarla.
     Cuando se encontraron de pié, él le dijo,- Gracias. Y ella incrédula le miró a los ojos.
     Era él, pensó que soñaba, que todo lo vivido en la última media hora de su vida, era un sueño.
     -amor mio, dijo.
     El volvia a acariciar sus mejillas y le susurraba al oido que todo había terminado, que eran libres para amarse. La tomó de la mano y se dirigieron hacia su coche aparcado no muy lejos de allí. Una vez en el interior, él la besó apasionadamente, desabrochandole aquel abrigo mojado, mientras ella tiritaba y seguía asombrada.
    Al desabrochar su abrigo, se dejaron ver sus pechos tras una camisa empapada, y él, la volvía a desear como siempre. Las manos se acariciaban lentamente, degustando cada poro de la piel. Se acariciaron hasta no extrañarse, hasta sentir lo que sentía el otro a cada beso, a cada mimo. Sus labios buscaban los labios. Se fundían en cada abrazo.
      Asi iban desprendiendose de cada prenda mojada, y cuando ya desnudos se miraron, estallaron en un fuerte abrazo. No había espacio entre sus pieles, sus corazones palpitaban al unísono, y sus sexos se buscaban reciprocamente.
     Los cristales del coche, se empañaron con el respirar de los dos amantes, convirtiendolo en un habitáculo íntimo y secreto para ellos. Y así, sus caderas comenzaron un baile de pasión unidas por el deseo mútuo de amarse. Caricias y gemidos acompañaban la noche, dos cuerpos que traslucían lo que sentían sus almas.
     Subiendo peldaño a peldaño en la colina del placer humano, cada segundo era más intenso al anterior, hasta que sus gargantas exhalaron un grito profundo de placer por poseer y ser poseido en aquella noche, dónde la Luna hizo realidad sus sueños.
      

13 de febrero de 2011

UNA HISTORIA PECULIAR




                       

“  Y ella montó en aquel tren que la llevaría a toda velocidad al andén donde él la esperaría.”

    Era una preciosa mañana de junio. Decidida, ilusionada yo iba dejando atrás una vida. Sabía que cuando llegase a mi destino no habría vuelta atrás. Aún así me sentía feliz por la decisión que había tomado.
   Veía pasar por la ventanilla de aquel tren el paisaje velozmente. De la misma manera que mi corazón palpitaba con cada kilometro recorrido hacia él. Delante, una estación desconocida donde él me esperaba.
   Con nerviosismo miraba mi teléfono móvil y leía una y otra vez los dos mensajes que me había enviado al coger mi tren aquella mañana. Animándome con palabras cariñosas y de deseo, en mi viaje hacia sus brazos.
   Esto me dio fuerzas para seguir adelante. Me concentré en la ilusión que llevaba dentro, lo tendría por primera vez delante de mis ojos!.
   Detrás dejaba un matrimonio añejo. Y yo no había dudado en ningún momento encontrarme con él.
   Quizás fuese una locura, pero quería vivir lo que el destino me había preparado, fuese lo que fuese no quería perder aquel tren, podría ser el último de mi vida.
    Mi corazón dio un vuelco cuando oí por megafonía que me acercaba a  mi destino por fin, mis piernas flaqueaban. Quería mantener la compostura, que él no notase mis miedos. Y no temblar cuando le tocase por primera vez.
    Me preparé para bajar del vagón. Tomé mi bolsa de viaje, mientras el tren aminoraba ya la marcha.  Le llamé y le dije- estoy aquí-
    El, me contestó enseguida, me dijo, -cariño estoy llegando, me ha retenido una manifestación pero te encuentro enseguida. Espérame en la cafetería color naranja que hay en la entrada.-
    Yo le obedecí, pero me puse de espaldas, apoyada en una mesa alta de la cafetería, no podía verlo venir de frente. Estaba demasiado nerviosa y emocionada.
    Sentí como tocaba mi hombro, me di la vuelta y allí estaba. Con sus gafas de sol. Chaqueta como yo le había dicho que me gustaría que llevase, guapo muy guapo para mis ojos.
    Al verme me dijo, -no te gusto?-
    Le miré y le dije, -anda vamos-...
    Salimos fuera de la estación, él me conducía hasta el aparcamiento dónde había dejado su coche. Era un volvo algo antiguo color azul marino. Me abrió la puerta y me senté, seguidamente, lo hizo él en el asiento del conductor. Nos besamos.
 Dulcemente, me besó en los labios una y otra vez, nos acariciábamos las palmas de las manos, y él, me decía,-me encanta-...
  Yo flotaba entre sus brazos.
     
Cuando conocí a Santi, mi vida pasaba por una etapa muy difícil. Unos meses antes había caído en una depresión, algo que quien me conocía  a fondo, se preguntaba cómo pasó, si había alguien que sonreía a la vida y con fuerza, era yo.
     Llevaba siete años mal. Mi padre estaba en una silla de ruedas debido a una hemorragia cerebral que había sufrido. Esto me sobrepasaba, le veía sufrir cada día y le animaba, sabiendo yo que era un imposible. A la vez, había soportado mucha tensión también con la enfermedad de mi madre. Varios infartos cerebrales habían mermado su salud de tal manera que a veces, me encontraba con dos personas en sendos carros de ruedas sin valerse por sí mismo.
     No había un día ni una noche que sufriesen una caída, un percance, a cualquier hora, en cualquier momento. Duró éste calvario siete años. A la vez  trabajaba, cuidaba a mis hijos, intentaba estar al cien por cien en todo.
        Mi matrimonio no iba bien desde hacía muchos años, pero yo mantenía todo en orden aunque yo no lo estaba. No importaba, conseguí que ninguno de mis hijos tuviese que salir de mi casa  mochila en mano para pasar épocas en otro hogar que no fuese el suyo.
    Murió mi madre y me quedé a cargo solo de mi  padre con su gran invalidez, y una gran depresión  por la muerte de ella.
         Unos tres años más tarde murió él de mi mano.  Ese mismo año, mi matrimonio llegaba casi a su fin, y yo seguía mal, muy mal de ánimo. Mi hija me hizo un correo y empecé a comunicarme con personas, cosa que me hacía tanta falta.
   Así entré en una página de contactos, algo especial porque también podía escribir, subir videos, comunicarme con todo tipo de personas de otros lugares.
    Comenzaba mi aventura en éste medio. Un día me llegó a mi correo particular un email con unas amenazas e insultos. Me asusté, no sabía quién me lo remitía. Pero quién fuese, parecía saber algo de mi vida. Fue a más. Tanto que fui una noche asustada a una comisaría de policía a denunciar esto.
 Yo preguntaba en casa, a mi ex marido y siempre negaba que fuese él. Incluso hubo correos que contenían fotos mías tomadas de la cámara de mi ordenador.
 Estaba aterrorizada. A la vez, los contactos que tenían se iban borrando. Sólo algunos admitieron que habían recibido emails amenazadores para que dejasen de hablar conmigo. Incluidas chicas.
 Todos desaparecieron de mi correo. Todos, menos él.
   Se ofreció a ayudarme, me animó a denunciar lo que me pasaba, era un abogado que trabajaba y vivía en Madrid.
   En el momento que le vi por la cámara de mi ordenador, me enamoré de sus ojos.
   Me contó su historia.
 Decía que había estado a punto de casarse unos años antes, y que su novia canceló la boda un mes antes. Además por una gran discusión que tuvieron, ella lo denunció por malos tratos con lo cual, perdió su trabajo al estar una noche detenido en comisaría, le retiraron la licencia de abogado temporalmente. Por lo tanto contaba cómo aquella mujer le destrozó la vida.
Su puesto de trabajo era director gerente de una empresa, buen sueldo, buena casa, buenos coches. Contaba que ella se había quedado con todo, mientras él pagaba la hipoteca de dicha vivienda para no perderla. Su ex novia se había quedado a vivir con otra pareja y hoy en día, tenía dos hijos. Y él luchaba por recuperar su casa y por salir absuelto del cargo de malos tratos.
  Después de éste destrozo en su vida, contaba que una noche en un pub liberal había conocido a la mujer de su vida. Una chica guapa y de familia adinerada, y se había enamorado perdidamente de ella.
   Dos años más tarde, decía que  la vida le jugaba otra mala pasada. A su chica, le habían detectado un cáncer  de los más agresivos.
  Aquella chica, decía , había roto con su novio por él, por lo tanto, los padres de ella se habían opuesto  a la relación desde el principio, con lo cual, al caer ella enferma, su familia  la había trasladado a una clínica famosa de Navarra y sólo se comunicaba con ella por teléfono u ordenador cuando ella se sentía capaz de hacerlo.
  Se le moría...decía con gran pesar.
  Había algo más en ésta rocambolesca historia. Eran swinger. El y su mujer, como la llamaba siempre, aunque no estaban casados, solo a ojos de ellos mismos, eran y habían sido liberales en su conducta sexual.
 Ella lógicamente no ejercía ésta vida junto a él ahora con su enfermedad, pero sí que le aconsejaba que siguiera relacionándose con otras mujeres, siempre y cuando, no se enamorara y le contase a ella con quién,  cuando  y dónde se veía con ellas.
    Cuando me contó ésta parte de la historia, yo no tenía ni idea del mundo liberal entre parejas, además, dado mi situación poco me importaba. En mi cabeza no rondaba ni que pudiese conocer a Santi en persona.
  Noche tras noche, nos contábamos el diario de nuestras vidas.
  Hasta que él también recibió el correo amenazador , pidiéndole que dejase de hablar conmigo y mucho menos se le ocurriese quedar para conocerme.
   Santi ya había sacado los billetes de ida y vuelta del tren para venir a mi ciudad, decía mirarlos cada día con mucha ilusión. Me dijo si es necesario, voy y me vuelvo en el día, sólo para tomar un café contigo y verte en persona.
    Pero yo, a éstas alturas de la historia, yo quería más con él. Le dije que se quedase a pasar la noche.
   Santi me subía la autoestima con sus palabras, jamás oídas por mis oídos. Cuando hablábamos por el ordenador, me decía que acariciaba mis labios con el ratón de su pc. Y yo que no sentía amor desde hacía más de veinte años, le veía el hombre más maravilloso del mundo. Para mí todo era un sueño que se estaba haciendo realidad.
   Aunque él me decía que no se podía enamorar de mí por la situación que atravesaba su mujer, yo le sentía tan cerca, que no lo creía, no quería pensarlo. Yo tenía lo que necesitaba en esos momentos y me sobraba.  Además si ella moría, yo me quedaría para apoyarlo de la forma que fuese.
 Y aunque decía eso, sus palabras y su actitud conmigo, hacían pensar otra cosa.
  Cuando me quise dar  cuenta, me había enamorado de él.
    Siempre prometía cuidarme y quererme. Y que nunca desaparecería, estaría conmigo siempre que yo le necesitase.
   Fuimos juntos al hotel que había reservado, y pasamos toda la tarde descubriéndonos, ni siquiera habíamos almorzado.
   Ya entrada la tarde, salimos a comer algo. A la vuelta, alguien lo llamó. Me hizo un gesto para que me mantuviese en silencio y habló con ella más de una hora. Amén de los constantes mensajes telefónicos que le había estado mandando todo el día porque así se lo requería ella. Quería saber en todo momento dónde y con quién estaba. Y él, aparentemente la obedecía en todo.
   Tuvieron una gran discusión, ya que en vez de ir a una boda que según decían tenía el compromiso de ir, me recogió a mi en la estación. Yo le escuchaba sin saber un poco qué hacer. Me quedé dormida, aunque oía todo lo que él hablaba.
   Hubo un segundo en el que pensé que debería vestirme y salir de allí. Fue un flas, con el tiempo supe que era lo que debería haber hecho.
    Pero seguí allí en la cama semidormida. Cuando él terminó de hablar, vino a mí. Me despertó con sus besos, e hizo el amor conmigo como un loco. Yo no entendía cómo después de haber colgado, y estando su mujer enferma, podía desearme a mí de aquella forma.
   Pero todo estaba siendo tan inusual en mi vida, que no quise pensar más allá. Luego comentaba que siempre le tenía que hacer caso en todo y parecía algo agobiado.
   Cuando se durmió, me levanté y me dirigí a  la ventana. Me puse a mirar las luces de la noche de la ciudad. Qué pequeñita me sentía allí en esos momentos. Estaba en un hotel desconocido, con un hombre desconocido, y tenía una realidad esperándome a muchos kilómetros de distancia de allí.
     Intenté dormir. No dejé la luz encendida del cuarto de baño, yo solía dormir siempre con algo de luz, y me despertó él, por lo visto sufría una de mis pesadillas. Entonces me abrazó y me dijo, - no recuerdas que estás conmigo? Y me dormí en sus brazos. Jamás he vuelto a encender una luz para poder dormir.
 Mis miedos quedaron allí, en aquella habitación.
    En cuanto abrió los ojos, quiso hacer el amor de nuevo, y eso que decía que era lo único que le reservaba a su mujer. Ella no quería que lo hiciera con nadie a esa hora.
    Salimos por la mañana del hotel, y hasta que mi tren volviese a mi ciudad, me dijo que me enseñaría algunos sitios. Y así lo hizo. Como así hizo, decirme que si se quedaba conmigo, ya que mi dulzura y serenidad, le encantaba, no iba a necesitar buscar a más mujeres, mientras durase la relación conmigo. Por supuesto, yo todo lo que  él me contaba, era dogma de fe para mis oídos.
   Pasamos el día en el coche, le veía a gusto conmigo. Me enseñó dónde vivía, y algunos sitios de interés. Almorzamos y cercana ya la hora de regresar a la estación mi ánimo cambiaba por momentos. Mucho más, cuando al bajarnos del coche, me dijo en un abrazo que no me enganchase con él. Me dolió tanto aquello que no supe ni qué responder.
  Y así fue cómo vine de vuelta a mi casa.  Volvía a ver el rostro de mi ex marido mirándome como si quisiera aplastarme, aunque no sabía dónde había estado yo ese fin de semana, imagino que lo supuso durante toda mi ausencia.
   Mi dolor comenzó cuando ya intuía que Santi había cambiado algo conmigo. Cada noche hablaba menos conmigo, ya no me perseguía como antes de vernos.  Eludía muchas veces mi conversación con la excusa de que estaba cansado  y la necesidad de acostarse temprano.
   Había perdido ya del todo la más mínima esperanza de arreglar los rescoldos de mi matrimonio y ahora no quería ni pensar que perdería también el único apoyo que encontré y que me hizo valiente para tomar tales decisiones.
   Sentía que lo perdía por día.
   Pero era incapaz de pedirle nada. Sólo estaba a expensas del cariño que él me quisiese dar. Era lo único que me había quedado. Cuando él veía que yo sufría, volvía a hablar conmigo, volvía con sus palabras cariñosas. Y así yo volvía a tener instantes de fe y de felicidad. Eran solo migajas, y nadie debe conformarse con ello. Ahora lo sé.
   Quise luchar por aquello. Confiaba en mí misma para seguir con paciencia teniéndole de alguna forma.
   Así decidí salir de mi casa unos días. Debía salir de allí, el ambiente que se respiraba se podía cortar y yo no podía más. Le hablé de ir a una playa juntos. Me dijo que sí, pero que subiera yo al Norte, a la ciudad de su origen, porque él, no podría bajar por compromisos con su familia.
 Me dijo, si vienes, te enseñaría mi tierra como nunca la has conocido- Sólo me bastó eso para reservar mi vuelo.
   Así fue como viajé por segunda vez hacia sus brazos.
   Fueron cinco días, cuatro noches. Casi las veinticuatro horas con él. No hubo discusión, todo transcurría apaciblemente. Yo le veía sereno, en paz y contento a mi lado. Y por supuesto, apasionado a todas horas. Mi sueño se hacía realidad definitivamente, pensé.
   Viajamos los dos en su coche  todo el día, de un sitio a otro. Descubrí muchas cosas con él. Aquella ciudad, se quedó en mi corazón para siempre. Le entusiasmaba explicarme cualquier cosa de su tierra. Me contaba la  historia de algunas de las iglesias que visitábamos, incluso me llevó a la que en otro tiempo, él se iba a casar. Era preciosa. Con el suelo de madera, sencillamente adornada y presidida por Santiago, el patrón de aquella tierra y por quién le bautizaron a él.
   Al salir de ella, los dos de la mano, le paré, lo miré a los ojos y le dije:- Bésame aquí, así cuando vuelvas a venir, siempre te acordarás que me besaste.- Y así lo hizo.
   Pronto llegó el día de mi vuelta. Tenía que regresar, pero me llevaba un equipaje hermoso de él y de aquella tierra tan hermosa. Me llevaba sus besos, sus abrazos, sus amaneceres, su risa, sus palabras, la certeza de que él había estado muy bien a mi lado. Y sobre todo, su promesa de venir pronto a verme.
     Allí quedó mi sueño. Entre atardeceres color púrpura, amanecer viendo a su lado el mar, añorando por siempre sus labios y sus ojos.
   Unos meses más tarde, contactó conmigo una de sus amigas que tenía inscritas en su página, al igual que yo lo estaba. Por casualidad.
   Y desde ese momento, empecé a descubrir la verdad. Todo por escrito siempre o por teléfono, porque jamás le he vuelto a verle en persona.
   Había quedado con ella, al siguiente fin de semana de hacerlo conmigo la primera vez.
 El, comenzó a hablarme ya sin cariño, a decirme que si no había entendido que era liberal.
   Pasando por algunos insultos una noche, que según creo o estaba bebido, o estaba enseñando su verdadera identidad.
   Después de ésta chica, vinieron otras. Varias. Y yo ya poco contaba aparentemente para él.
  Me había quedado sola en mi casa. Mi ex marido ya se había ido. Sólo tenía recuerdos.
   Cada vez me llegaban más mensajes de mujeres  que le contestaban para bien o para mal. Parecía que toda la red sabía de mi relación con aquél hombre.
   Unos meses después, me llamó para darme un nuevo correo y un nuevo número de teléfono. Con la excusa de que alguien parecía que hablaba por él en su Messenger.
   No sabía qué creer. Pero desde luego pequé de ingenua siempre.  Puse toda la fe en aquél hombre. Fue como saltar al vacío sin paracaídas.
   Así me hablaban otras con datos que yo verificaba. Y las fechas correspondientes. Incluso supe que aún estando yo con él en su ciudad, quedaba con otras por su ordenador.
   El dolor fue inmenso. Me sentía perdida, me hundía cada día más. Destrozaba mi vida poco a poco. Y parecía no verlo o no importarle en absoluto.
  Cuando me dijo que alguien parecía que le espiaba, al igual que me había pasado a mí, decidí ayudarle.
   Una tarde que encendí mi Messenger a una hora que no solía hacerlo, él estaba allí. Comenzó a hablarme de una forma que me desconcertaba. O había vuelto a beber o estaba loco, pero en ningún momento, sospeché la verdad.
  La conversación fue dañina, atacó mi dignidad. No dejaba ni un solo rincón de mi alma sin ser atacado. Me humilló.
  Cuando me fui a la cama llorando, le mandé un mensaje a su móvil. Y él, me contestó que estaba dormido y que no había hablado conmigo.
   Ya no le creía. Después de tantas mentiras, ésta era una más.
     Y en ese momento, comenzó lo peor que he vivido en mi vida.
     Hubo alguien en la página de contactos que publicó conversaciones íntimas de los dos. Se hacía llamar su mujer.
Publicó mi historia como le dio la gana, e invitaba a gente a comentarla. Yo no daba crédito a lo que veía.
 Mi intimidad quedó expuesta en una página pública en una red social y yo no podía hacer nada. Y me preguntaba dónde estaba él y por qué consentía todo aquello.
 Casi a la vez, recibí un correo de él, dónde me decía las cosas más humillantes y horribles que se le puede decir a una mujer.
   Me terminó de destrozar la vida. Cuando yo leía aquellas líneas dónde se me denigraba físicamente, incluso añadía que había tenido que tomar estimulantes para poder hacer el amor conmigo, o cuando me comparaba con que parecía más vieja que cualquiera de sus amigas, e incluso su madre, a mi lado era una niña, el dolor que sentí nunca antes en mi vida, nadie me lo había hecho.
   Decidí cuando pude reaccionar, hacerme pasar por otra persona para buscar razones, si es que las había. Pero no tuve éxito. Aquella persona que publicaba todo sobre mi, era más lista que yo. Decía ser su mujer. Yo sabía que si lo era, no tenía sentido todo aquello.
   En primer lugar porque si era lo liberal que él decía ser, los celos estaban de más.
   En segundo lugar, si estaba, había estado, seguía estando tan enferma, no podía estar delante de un ordenador tantas horas, incluidas a altas horas de la noche.
  No tenía límites. Sus insultos eran cada vez más graves, sus amenazas rayaron en lo más alto, se permitió amenazarme con intentar que me retirasen la custodia de mi hija. Yo me preguntaba por qué. A qué venía tanto odio, tanta inquina. Sus humillaciones eran constantes. Cada vez mayores. Amenazas de colgar en la red unas cintas de su marido, como ella lo llamaba , conmigo en el hotel de su ciudad. O incluso  mandarlas a mis hijos. Claro que nunca lo hizo, no creo hoy en día ni que existan, inventos de una mente enferma para hacer daño, y lo consiguió.
  Volví a tomar la decisión de nuevo de comunicar todo esto en una comisaría de policía. Por segunda vez en mi vida, pasaba por un trance tan desagradable como ese.
   No sirvió de nada. Hice mil denuncias a los dueños de dicha página que permitían todo aquello. E hice la oportuna denuncia en la Guardia Civil.
   No tuve noticias nunca de mi denuncia. No había forma o yo no la encontraba de parar todo aquello.
  No sabía si él andaba detrás de todo aquello. Si lo permitía, o si también lo hacía y por qué.
   El pulso con aquella mujer o quién fuese, duró largo tiempo.
  Yo tenía que saber la verdad, o aproximarme a ella todo lo que pudiera. Me lo debía a mí misma.
   Pasó el tiempo, y casi todas sus amigas, las mujeres con las que había tenido relación, contactaron conmigo. Cada una me fue contando su experiencia con él.  Aquello era un puzle. Además de increíble.
   ¿Cómo pude ser engañada de aquella forma?.  Aún hoy me lo pregunto cada día.
   Con el tiempo, la mujer se hizo pasar por un hombre, colándose de nuevo en mi correo  y hablaba conmigo siempre del mismo tema. No servía de nada que yo le cambiase el tercio, ese hombre, que entonces yo no sabía ni sospechaba que podría ser ella, volvía una y otra vez a lo mismo.
    Me enteré con el tiempo que ese hombre también era ella. ¿Por qué esa obsesión conmigo?. No sé si algún día lo sabré.
    Seguí en mi búsqueda de la verdad.
Y por una amiga, la última que había caído en sus redes. Que les había creído a la pareja como tal, que presumía de su amistad, condenándome a mí en tiempos, me dijo lo que yo quería saber.
   Su mujer no era su mujer, nunca se habían visto en persona. No estaba enferma, jamás lo había estado. Era imposible, por desgracia, que un cáncer agresivo, no se lleve a la persona en seis o siete años. No existían los tratamientos milagrosos que a ella le dispensaban por ser millonaria. Y que tanto alardeaba. En España, se procura curar a todo el mundo, y no sólo al rico.
    Esa mujer no era ni guapa ni joven. Más bien mayor y nada agraciada. Esa mujer podría ser que tuviese el vicio del alcoholismo. Aparte de fumadora empedernida.
   Pero lo que sí hacía esa mujer era manejar a Santi como a un pelele. Malos sentimientos. Una persona manipuladora. Con malos reaños. Pero lo que sí puede que haga por él, es pagar sus facturas.
  El, lleva una vida como si fuese un hombre rico. Como según decía, lo había sido.  No tenía medios para pagar aquella hipoteca de la que me hablaba y para mantener su ritmo de vida, ya que es profesional de un deporte nada barato.
   Con el tiempo, comprobé que cuando él, en su ciudad me hablaba de los señoritos de clase alta que nunca habían dado un palo al agua y estaban mantenidos por sus padres, puede que en realidad, me estuviese hablando de él mismo.
  En definitiva, el hombre que conocí de labios que me cautivaron, de ojos negros y dulces. Con una seguridad  que yo admiraba, es sólo un mantenido de una mujer sin escrúpulos y viciosa.
   Entendí por qué quería mi cariño, por qué se sentía sereno conmigo, y por qué buscaba con tanto afán mi dulzura.
  Pero se permitió perderme y se permitió hacerlo con malas artes. O bien, dejó que lo hiciera ella. Tiene la misma culpa. Los dos son unos indeseables.
   Pude rehacer mi vida, poco a poco. Fui dejando de derramar lágrimas. Tuve que comenzar de cero en todos los sentidos. Pero  soy fuerte. Y buena. Así que no he necesitado ninguna muleta de nadie para sobrevivir. Lo he hecho sola, con ayuda de los seres que más quiero en el mundo. Mis hijos.
 Amigos de verdad  pocos pero sinceros, también han hecho que vuelva a querer abrir los ojos cada mañana.
   Por supuesto, me siento guapa. Por dentro y por fuera. Fui valiente y sincera. Hice lo que el corazón decía que hiciera. Y fui a buscar una verdad.
  El, no lo hizo bien. El falló, y es una pena, porque creo que conmigo o una mujer como yo, podría haber sido feliz.  Es decepcionante para una mujer descubrir que lo único que puede aportar un hombre, es su fachada y buenas palabras, y  que detrás solo hay miseria. Un sepulcro blanqueado cómo la biblia dice.
    Es digno de lastima. Pero no la sentiré por él, al igual que él no sintió piedad ni hombría al consentir el daño que me causaron, o me causó.
 La vida es corta, y se vive una sola vez, y sigo pensando que no se deben de perder los trenes, te lleven a dónde te lleven, bien al paraíso, o al mismo infierno.
   Puede que nunca sepamos el final, la última parada cuando nos montamos en ellos, pero estoy segura que no se deben perder jamás.
      Hoy en día no sé nada de él, de su vida. No sé si existe, ni si su mirada sigue brillando al mirar a una mujer. No sé si su pelo se tiñó de blanco. O si su sonrisa sigue siendo tan mágica como lo era para mí.
   No sé si aquel apaño que tenía con esa mujer le funciona, si es así, él sabrá lo que hace. Si no lo es, le deseo mucha suerte. Nunca hice lo contrario, porque cuando se ama a alguien no se le puede hacer daño, mucho menos, desearle lo malo por el hecho de no ser correspondida.
    Y ésta es parte de mi historia personal. Espero que el futuro me traiga el amor que tanto deseo sentir, y que ésta vez, la vida sí me dé al hombre adecuado que sepa valorar lo que hay en mí y sea tan valiente como lo he sido yo.
  Si aparece alguna vez, diré que sí creo en los príncipes azules, pues eso será para mí. Un príncipe azul  que la vida me deparará después de haber luchado con dragones que perdieron su estrella.
   Yo estoy orgullosa de lo vivido y como lo hice. Lo mejor que supe y pude. Con el alma como estandarte.
   

     

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VI CERTAMEN DE AUTOBIOGRAFÍA UN FRAGMENTO DE MI VIDA (México)